lunes, 9 de octubre de 2017

Zurück zum glück

La calma antes de la tormenta

Los recitales son ese pequeño trozo de felicidad que logramos sacarle a una vida que se esfuerza en escatimarlos.

He ido a menos recitales de lo que me hubiese gustado en mi vida. Ya saben ataques de pánico, reticencia a estar en lugares con mucha gente o falta de dinero. Además, me gusta el punk todos mis ídolos están muertos o retirados.

Por suerte mis gustos son más amplios (como se darán cuenta por la música que estarán escuchando) y he podido disfrutar de bandas como Stone Temple Pilots (lloro), New Order o el más reciente, y por el cual me motiva a escribir esta entrada, Die Toten Hosen (que sí, es punk. Dije que mis gustos se habían ampliado no que habían cambiado).

La ilusión que genera ir a ver un recital es como ir a una primera cita pero donde te salteas todas las preguntas de rutina como: “¿Trabajas o estudias?” “¿De qué signo sos?” o “¿Qué significó para vos el final de Evangelion?”… ¿Cómo? ¿Qué nadie habla del final de Evangelion en una cita? Perdón, es que mi experiencia es casi nula. Volvamos a lo que nos compete. Lo que quería explicar es esa sensación ilusionante de que algo hermoso va a ocurrir, algo que no vas a olvidar nunca… y termina ocurriendo.

El viaje, el hacer la fila, el entrar al recinto y ver un montón de gente que está ahí porque comparte la misma pasión con vos. Miles de personas que por un par de horas se vuelven una masa uniforme extasiada por la melodía. Todos estamos en estados de gracia. Todos somos felices, ya que los problemas se quedaron en la puerta.

Una de las preguntas que se me vienen a la cabeza siempre que veo ese gentío es ¿de donde salen? ¿Cómo hace New Order para llenar el Luna Park si en mi vida me cruce con una persona que conociese Blue Monday? ¿En qué cueva se esconden los fanáticos de los Hosen durante el resto del año? Que sí, que seguro yo debo conocer gente con gustos musicales horribles y es cierto. Pero es la sensación de, por un momento, no sentirte tan solo. De que eso que creías que te hacía especial también lo es para un montón de otras personas y que, quizás y solo quizás, no estemos tan equivocados.

Las luces, las pantallas, el sonido, el telón, que movimiento hace cada integrante de la banda. Quiero estar al tanto de cada cosa que pase, que mis sentidos absorban todo y quede impregnado por siempre en mi memoria. Es por eso que no entiendo a quienes se pasan todo el show filmando. Es bueno tener una foto como recuerdo ¿pero de que sirve verlo a través de la pantalla de tu celular si lo puedes hacer sin intermediarios? Tendrás varios likes en las redes sociales cuando subas tu video pero a cambio de ese rato de popularidad perdiste la experiencia.

Termina el recital, empiezan las complicaciones para volver al hogar (sobretodo si vivís en un páramo alejado de la mano de Dios como quien les escribe), uno está cansado y quizás con algunos golpes que dolerán la mañana pero, con los ojos entrecerrados, busco repasar todo lo ocurrido buscando que nunca se borre de mi mente, al igual que la sonrisa que se dibuja en mi rostro.

domingo, 1 de octubre de 2017

Enjoy the silence

El transporte público es un espacio de introspección y reflexión. Pasamos muchas horas encima de un colectivo o tren donde podemos bucear en nuestro interior para poder conocernos un poco mejor… PERO SIEMPRE HAY GENTE HACIENDO RUIDO.

Son las diez de la noche. Dormís poco (y mal), estas cansado luego de trabajar todo el día y solo pensas en llegar a tu casa para poder comer algo ¿Gran momento para que se suban dos adolescentes a bailar breakdance, no? NO. De hecho, sería un gran momento para tener uno de esos lanzagrandas estilo Resident Evil y terminar con todo eso, pero somos seres civilizados así que solo miramos nos cansamos más de lo que estábamos preguntándonos cuando va a terminar esta tortura.

El termino “artista callejero” tiene una connotación que estamos olvidado y es “la calle. Un persona que quiere mostrar su talento se para en una vereda y si a alguien le llama la atención lo que hace se para a verlo y si le gusta lo aplaude y hasta le da dinero. Si no le interesa sigue caminando como si nada pasara. Sin embargo en el trasporte público esa posibilidad de elección se anula. Uno no puede bajar del tren, así que está siendo obligado a escuchar a un grupo con charangos y sicus a hacer un popurrí de temas del altiplano y cerrar el repertorio con “Sobreviviendo” de Víctor Heredia (No se a ustedes pero a mi me dieron ganas de cabecear una bala). Es algo muy dictatorial: “vas a escuchar lo que se hacer y si no te gusta te jodes”.

Uno puede aprovechar las horas que pasa viajando para leer un libro, dormir, apreciar el paisaje o, simplemente, pensar. Sin embargo, cuando empezas a entregar tu alma a Morfeo y tu cabeza se mueve como la de esos perros que ponen en los autos, llega alguien que dice, con una voz muy estruendosa, “Vamos a improvisar un rap. Necesito que me digan una palabra”. Desde lo más profundo de tu alma sale: “Otorrinolaringología. Improvisa algo con eso y después ándate la concha de tu madre y una vez que estés allá haces tres cuadras más y te vas a la puta que te parió”.

Sí, ya se lo que me van a decir: “Podes ponerte auriculares y dejar de quejarte”. Oigan, trabajo de telemarketer y pasó 6 horas diarias con una vincha puesta, lo que menos tengo ganas es de seguir aprisionando mis oídos. Además, si no me quejase ¿de qué escribiría en este blog?

domingo, 17 de septiembre de 2017

Naked sunday

Desde que tengo uso de razón que odio los domingos. Más que los lunes. Quizás, porque tiene esa melancolía de que siempre es el final. Como si ese capítulo de Los Simpsons donde Homero piensa que va a morir y se pasa la madrugada viendo tele y escuchando un viejo cassette
.
Tranquilos. No pienso contradecir a Garfield. Los lunes es inicio de la rutina y el día más alejado del fin de semana y por eso es cansador. Pero el domingo… el domingo es nada. Es un día inviable, donde se mezclan el cansancio y las obligación por querer aprovechar el tiempo que nos queda.

¿Pero que estoy escribiendo? Como no lo estoy entendiendo analicemos las partes que se mezclan en este coctel que genera más ganas de suicidarse que escuchar Radiohead:

Cansancio: Saliste el fin de semana. Alcohol, drogas o simplemente te quedaste hasta las 7 am jugando Monopoly y al otro día te levantaste pasado el mediodía para recalentar algo de comida que sobro. Los parpados te pesan, la cabeza te da vuelta y todo lo que te puedan llegar a decir te irrita. Cuando te despabilas, ya estas poniendo el despertador para el otro día.

Que yo me levanto a las 8 am a tomarme unos mates con bizcochitos y ver TN” Se que me pondrán algo así pero eso lleva nuestro siguiente punto

Obligación de aprovechar el tiempo: Te levantaste al alba, pusiste la pava, comiste unas facturas y saliste a pasar el día al Puerto de frutos de Tigre ¡PERO QUE PLAN MÁS HORRIBLE! De verdad, hay cosas mucho más lindas como jugar a la ruleta rusa o probar que tan profundo podes hundir un punzón en tus venas. Salir un domingo tiene un no sé qué en la atmósfera que lo vuelve más denso, hasta el punto del hastío. Pero no nos desviemos del tema. El domingo nos genera la ansiedad de querer aprovechar las últimas horas. Queremos que cada minuto sea memorable o simplemente aprovechado en algo que no podamos a partir del lunes.

Pero hay algo que me hace ruido de todo esto… Ah sí, es el tanque de agua, tengo que apagarlo. Listo, podemos seguir.

Hay algo en todo este texto que me tiene pensando, y es la sobrestimación del fin de semana. Esperamos la llegada del viernes como un preso que espera el fin de su condena. Sí, creo que es el mejor ejemplo porque anhelamos lo mismo: La libertad. Estamos atrapados en una rutina monótona, sin sentimientos, sin… personalidad. Quizás las ansias porque llegue el fin de semana es porque sabemos que podremos ser nosotros mismos. Hacer lo que nos gusta, pasar tiempo con la gente que si queremos o simplemente estar en nuestro hogar. En esta vida tan mal armada, estos verdaderos momentos de felicidad están siempre a un costado, relegados al fin de semana. Es demasiado poco.

jueves, 31 de agosto de 2017

Casual conversations

Cientos, quizás miles, de personas nos cruzamos a diario. Con los ojos pegados en sus celulares, escuchando música, viendo vidrieras, trabajando o  lo que sea que quieran hacer pro nos las cruzamos. Y ahí estamos nosotros, como individuos que buscamos con más ansiedad que ansias alguien con quien compartir.
Compartir. Esa palabra que utilizaban las maestras jardineras en horribles canciones para que le demos la mitad de nuestro alfajor a algún odioso compañero. Compañero ¿Qué es un compañero? En una reunión del PJ podrán utilizarla hasta que aparezca Madonna Quiroz a los tiros así que no creo que sea no creo que sea una acepción muy útil y no tengo ganas de buscar en Wikipedia.

Como leyeron en el párrafo anterior (si no lo hicieron todavía están a tiempo antes de que se autodestruya) no tenía ganas de buscar ni tampoco me interesa la definición. Simplemente se que en nuestra vida hay miles de momentos que queremos compartir con alguien más. Ya sea ese mueble nuevo que compraste, que te peleaste con tu novia, que te recibiste o solo querés hablar sobre que las teorías sobre el final de “Erase una vez en América” (¿para ustedes fue todo producto del opio?) nuestro ser pide a gritos la necesidad de que alguien más este allí con nosotros.

La rutina diaria nos lleva a pasar horas con gente que, si no es indeseable por lo menos son “poco interesantes”. Desde charlas en ascensores sobre el clima, madres que te cuentan sobre el colegio de sus hijos, tacheros fachos o tipos que hablan de cómo empató Belgrano. No nos interesa en absoluto. Pasamos por ahí con una mueca en los labios y una respuesta automático: “Ah sí, jeje”. En nuestra mente resuena el grito de Walter Nelson: “No se tiene que prender. Salí de ahí Maravilla”.

Queremos hablar de cosas más interesantes, charlas que den para algo más profundo. No digo que nos sentemos a discutir sobre filosofía pero… que mierda, SÍ ¿por qué no podemos discutir sobre filosofía en el trabajo? A veces pienso que cuanto más pensas más te apartas. Quizás sea más fácil entablar una conversación sobre las peleas en lo de Tinelli que sobre la inevitabilidad de la muerte y a donde vamos después. De hecho… sí, lo es ¿Quién querría hablar sobre la inevitabilidad de la muerte?

A veces solo queremos que alguien nos pregunte “¿Cómo estás?”. Pero no esa pregunta para salir del paso que te hace ese vecino que te cruzas en la calle y que no ves hace años pero que ambos saben que no le interesa un pito como estas. Sino esa persona que te lo pregunta de forma sincera y que sabes que al responder te sacas la pesada mascara que llevabas durante todo el día tratando de aparentar.

El ser humano necesita vivir en sociedad. Que sí, que la tranquilidad de la soledad de poder cagar con la puerta abierta se disfruta, pero al final necesitamos que allá alguien más para poder decirle lo bueno que se siente. Aunque en la tediosa rutina sea poca la gente con la cual compartir realmente buenos momentos lo más importante de todo es ¿Fue toda una alucinación de Noodles en el fumadero de opio? Porque todo este post es una excusa para hablar sobre el final de Erase una vez en América.

martes, 15 de agosto de 2017

Career opportunities

Estoy encerrado en una sala con unas 10 personas que estamos sentados alrededor de una mesa. Algunas miran el celular, otras revisan papeles y yo miro por la ventana. Hay sol, esta despejado, se escucha el murmullo diario de la city porteña, veo la terraza del edificio de enfrente y pienso que sería buenísimo que un sniper empiece a matarnos uno por uno. Me cuestiono todas las decisiones de mi vida (sobretodo el porqué salí del útero de mi madre) al estar allí encerrado escuchando la vida de un grupo de personas que me resultan poco interesantes en vez de estar haciendo algo que me genere un poco de satisfacción (Miguel Mateos dixit). En eso una voz me hace salir de mi ensoñación: “¿Cuál es tu experiencia laboral?” Era mi turno de hablar en la entrevista.

“Me recibí de periodista deportivo en 2010” repetí esa frase tantas veces que ya no tiene sentido. Sobretodo si estás presentándote para trabajar en un call center. Además de mí me encontré con diseñadores gráficos y de indumentaria, locutores, profesores de historia, etc. Innumerables cantidad de sueños rotos por este sistema. Todos sin ganas de estar ahí, pero poniendo su mejor sonrisa y contando lo apasionados que son por la venta y como ser lograr encajarle un seguro a una vieja es su función en la vida. Me repugnan. Los odio. ¿Por qué no somos sinceros y decimos que odiamos este trabajo pero estamos ahí porque no nos queda otra? Si nadie tiene la vocación de ser telemarketer. Obvio que eso no lo pude decir así que solo me limite a contar mi experiencia laboral en escasas palabras mientras también me odiaba a mí por estar sentado ahí.

Me entregan un hoja y una lapicera. Una chica de recursos humanos quiere que dibujemos una persona bajo la lluvia para ver nuestro perfil psicológico. Sería como el genio del Akinator, esa página donde un mago adivina que personaje estás pensando a través de una serie de preguntas, pero con la excusa de que ella tiene un diploma y no sale de una lámpara. Un hombre bajo la lluvia ¿acaso no alcanzaba con Gene Kelly? No entiendo que puede llegar a deducir con un garabato. Por la mente se me pasa dibujar a Charles Manson con una motosierra arriba de un unicornio que escupe arcoíris bajo una lluvia de sangre para saber que deducción saca esta chica. Como soy un cagón, contuve mis impulsos y solo me dediqué a hacer un hombre de palitos. Total, seguro que solo se reirán de los dibujos y los tiraran en un tacho.

Estamos encerrados en una maquinaria de la cual no podemos salir. Primaria, secundaria, facultad/terciario y todo a la basura. Podes colgar tu diploma en la pared del Open 25 que te contrate. Los Clash ya lo cantaban en “Career Opportunities” hace 30 años y esta dolorosamente vigente. Un tachero me dijo una vez “lo que tenes que hacer es hacer algún curso de plomería o electricidad y con la guita que juntes construir frente de la casa de tus viejos “. Y yo que soñaba con mundiales o juegos olímpicos cuando la solución a todos los problemas era plomería o electricidad. Toda mi vida cuestionado por un tachero de Ciudadela que me contaba de sus ganas de ir a Midachi mientras veía muy tentadora la opción de tirarme del auto.

A las pocas horas de la entrevista recibí un mail que decía “nos comunicamos para decirte que has sido elegido para continuar en el proceso de selección”. Me moleste porque sabía que me tendría que levantar temprano para ir hacer los análisis. Dormir mal, no poder mear, no buscar ese alfajor de madrugada que como por aburrimiento, que me saquen sangre (odio las agujas) y que un señor con un guante de latex me haga toser mientras me toca los huevos para saber que no tengo varices.

Lo odio. Odio al sistema. Odio al trabajo. Me odio porque acá estoy otra vez en esta rueda.

jueves, 27 de julio de 2017

Decálogo en recitales de rock (Remastered)

Hay ciertas normas básicas que se cumplen en todos los conciertos de rock que hacen que la convivencia entre decibeles altos, alcohol y empujones sea en “armonía”.

1-Si uno se cae se hay que ayudarlo: Este es el código principal del pogo, te puedo empujar, pisar, tirar una piña, escupir, pegar una patada con unas borcegos o que una gorda tome carrera desde la entrada para chocarte, pero si se cae uno sin importar si es conocido o no hay que frenarse y ayudarlo a pararse. De esta forma el pogo es más seguro, no seas boludo, ayuda al prójimo.

2-Si se encuentra algo, hay que devolverlo: Desde Zapatillas hasta celulares, te podes encontrar de todo. El código numero dos indica que hay que levantar el brazo con el objeto hallado para que el resto lo vea, preguntarle a lo más cercanos, si no aparece el dueño te dirigís al escenario y se lo das al bajista, guitarrista o vende humo sobre el escenario para que lo avise. Si es un celular se debe llamar al dueño, sino los fantasmas de Sid Vicious o Luca Prodan te atormentaran en cada recital.

3-Sino tenes fuerza de hombros, no alces mujeres: Parece algo elemental pero hay que aclararlo. Muchos pibes, por hacerse los bananas con una minita quieren levantarla sobre sus hombres y como están borrachos, bajo el efecto de algún alucinógenos o simplemente son enclenques terminan en el piso, con dolor de espalda, con la piba dolorida, comiéndose las puteadas del resto y por supuesto, sin ponerla.

4-Cuando subas al escenario, no te tires con los pies para adelante: Quizás si nunca fueron a un recital de punk, no vivieron esta situación, se trata de gente que es lanzada al escenario por la horda, y que luego de hacer un para de morisquetas en el mismo para volver al pogo se lanza cual atleta de salto en largo hacia el publico y puede terminar aterrizando en el pecho de algún punky. Aunque no te gusta, deja que te devuelvan los hombres de seguridad.

5-Si vas a valla, bancátela: Si queres estar delante de todo, bien cerca del escenario para gritarle a tus ídolos, bancate que aprieten, te tiren cerveza, te toquen el culo, te tiren una patada voladora los que son lanzados al escenario. No podes decir nada, es el precio que tenes que pagar si queres recibir una púa de Mollo.

6-Se tolerante con las bandas soporte: Ya sé, que si un recital esta anunciado a las 21 y son las 23 y todavía faltan 3 bandas más te hincha las pelotas y te dan ganas de tirarle con una molotov. Ya sé, que suenan mal, que sabes quienes son, que son un grupo de pendejos borrachos y que vos pagaste para ver a tu banda. Pero los pibes la están remando, mira si a The Clash o a Nirvana no lo dejaban tocar en bares cuando no eran nadie. Pensa que quizás esos cuatros energúmenos que estas viendo pueden ser los nuevos Beatles, dales una chance.

7-Si vas con amigos, volves con amigos: En la vorágine del rock y el alcohol siempre se te pierde un amigo entre la gente, o por que se lo llevo la manda en el mosh o por que se fue atrás de un ojete que vio pasar. Vamos todos volvemos todos, se debe elegir antes de ingresar un lugar de reunión a la salida, si el desaparecido no aparece, llamarlo, sino atiende buscarlo, si esta con una mina esperalo un tiempo y luego sacarlo, ahora, si se lo llevo un grupo de metaleros al grito de “este es un lugar careta, aguante la H” dalo por perdido por que te van a matar. No te olvides que rockero que sobrevive, sirve para otro recital.

8-Si vas con alguien, que te entienda: Los recitales son momentos de extrema felicidad para una persona (más si es un banda que ves por primera vez) por eso en caso de ir con alguien debes asegurar que entiendan tu amor y fanatismo. Ir a un recital con ese amigo "gamba" que te banca pero que conoce más temas de José Luís Perales que de la banda que da el show puede lograr, con su cara de aburrimiento volver todo una experiencia de éxtasis en un momento muy incómodo. Además, no entendería jamás tu emoción por la lista de temas o por los movimientos pélvicos del cantante virando las charlas a temas como "que cara estaba la gaseosa" o "hacía frío en el lugar, tenía que haber traído un bucito".

9-Nunca, pero nunca, vayas en ojotas: Por experiencia propia les cuento que por más que haya 60º, anda en zapatillas. Las ojotas son fáciles de perder, se rompen, te pisan osos de 110 kilos, te mojan con cerveza y otros líquidos extraños y no son buenas para saltar.

10- Disfruta: Si pagaste mucho o poco. Si fuiste solo o con amigos. Si te peleaste con tu pareja. Si hiciste un viaje larguísimo. Si estas en campo o platea. Pase lo que pase, disfruta. La música es hermosa.

jueves, 20 de julio de 2017

Todos culpables

Las redes sociales sirven para poner en constante exposición las cosas que hacen o piensan las personas, lo cual sirvió para las abuelas ya no saquen tu álbum de bebé cuando presentas a tu pareja en casa y te haga pasar vergüenza con una foto tuya haciendo tus desechos en una pelela rosa. El problema es cuando esa información que uno suministra a Mark Zuckerbeg y el FBI (Si, el FBI y los reptiloides están detrás de esto y saben todo lo que hacemos) cae en malas manos. No es que uno tenga los planos de la nueva bomba atómica y tema que pueda verla Lex Luthor sino que un grupo de opinologos desconocidos pueden hacer cualquier juicio de valor sobre tu persona con la excusa de “resolver un misterio” (ni que fueran Scooby Doo) o simplemente por diversión porque no les anda el Family Game.

Ojo con lo que ponen en Facebook porque el día de mañana pasa algo y los agarra América Tv y empiezan a analizar sus estados un psicólogo, un criminólogo, dos economistas, Mauro Viale, 20 abogados, Facundo Pastor, el panadero del barrio de Pastor, Santiago Del Moro, dos gatos que quedaron eliminados de Bailando por un sueño, dos gatos de los ochentas que trabajaron con Porcel, el presidente de la Afa paralela, Daniel Vila, la jermu de Vila, un modisto, etc. No van a resolver ningún caso pero van a llegar a la conclusión de que si subís videos de Madonna, un gol de Ronaldo, una foto comiendo un helado o simplemente pones en tu estado "Me aburro, me voy a jugar al yenga" sos un violador serial que busca saciar su sed de sexo violando menores vestido de Backyardigan.

Los medios de comunicación primero juzgan y después preguntan que paso. Lejos de la máxima “Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario” porque, claro, ser inocente no rinde. Rinde la perversión, el sadismo, el morbo y por lo cual primero se inventan todo eso y luego ven que de todo lo que dijeron termina siendo verdad. Seguramente de 100 cosas una sea verdad pero bueno, los porcentajes y los escrúpulos no son el fuerte de esos violentos con micrófono que van a tocar timbre de los departamentos para escuchar el llanto de una madre relatando como murió su hija mientras en el piso el conductor le pregunta a su producción cuanto esta midiendo y si a la salida se van a comer unos rolls de sushi por Palermo

Ah otra cosa. Si eras una persona caucásica de clase media alta seguramente seas inocente o la víctima y si sos de clase media baja, vivís en una pre fabricada, usas pantalones de la marca de las  tres tira y caminas calle de tierra, entre otros aspectos, vas a ser un criminal que ataca la moral y las buenas costumbres de la familia argentina. “Ellos” son buenos, las víctimas y nos tienen miedo a “nosotros” que somos sus agresores. Ese es el mensaje que se baja, por el cual después escuchamos en la calle frases como “estos negros son todos chorros”, “en las villas son todos ladrones”, “No paso por ahí porque hay gente vestida sospechosamente” y esas frases favoritas de las viejas paquetas de Recoleta y que, lamentablemente, están llegando a muchas más personas.